Hola a tod@s:
Reconozco sin sonrojarme que envuelto por el calor del verano y por la pereza propia del que puede disfrutar de las vacaciones, he caído en la adicción, aunque espero pasajera, de ver esos mal llamados programas del corazón que más debieran llamarse programas vertedero, pues es donde va a parar toda la basura periodística y las mayores bajezas humanas que se puedan imaginar.
Son estos unos programas, hay que llamarlos así porque están programados previamente, destinados, dicen, al divertimento y al ocio de los televidentes, aunque en realidad son ventanas abiertas al escándalo público, a la vejación de las personas y donde podemos encontrar, insultos, descalificaciones gratuitas, fanfarronadas, mentiras, calumnias e incluso toda suerte de violencia: física, mental, de género, todo el arco posible se encuentra en esos espacios de tiempo.
Pero es curioso, o peligroso quizá estaría mejor expresado, porque su dinámica y su diseño, está hecho, y a fe mía que lo consiguen, para aún sintiendo vergüenza ajena de lo que se ve y se escucha, mantener vivo el interés de quien está al otro lado de la pantalla, reteniéndolo y convirtiéndolo en un adicto, en un zombi televisivo.
Estos programas que nacieron hace años como una fórmula visual y algo más edulcorada de las mal llamadas revistas del corazón, han ido evolucionando por sendas escabrosas hasta convertirse en lo que son actualmente.
Y aunque sepamos de su contenido basta con recordar algunas perlas vividas este verano: Hemos podido asistir en directo al proceso de separación de una pareja, con escenas de amor-odio entre ambos cónyuges. Hemos presenciado como dos individuos se enzarzaban en una escalada de insultos verbales que acabó en una pelea. Hemos podido escuchar toda suerte de insultos entre un ex matador de toros y una pseudoperiodista donde ambos perdieron toda su dignidad si es que alguna vez la tuvieron, hemos aguantado como un individuo drogadicto confeso, de lengua viperina anunciaba su suicidio como protesta a una sentencia que le obligaba a pagar una pensión a su ex pareja e hija o en su defecto pagar con tres meses de cárcel si persistía en no abonarla, para después acabar entregándose haciendo aún mayor su actuación circense. Este mismo “personajillo” tuvo previamente una tremenda bronca en directo con su hermano, otro “ilustre personajillo” de la misma o peor calaña a través de la cual conocimos las miserias más íntimas de ambos y de su familia. Poco después habíamos de presenciar cómo se aireaba y se vendía el último episodio de sobredosis de uno de estos dos y su separación matrimonial, eso sí, teniendo que aguantar como el susodicho restregaba por la cara de todos los que lo estábamos viendo que él gana en un verano, haciendo lo propio, es decir aireando mierda propia y ajena, más que un español medio en diez años de trabajo.
Y todo eso lo vemos, lo digerimos y muchas de las personas que lo ven, acaban viendo como normal, los insultos, las amenazas, la crispación, la mentira, la calumnia y entienden como permisibles las drogas, y el delito que lleve a la obtención del dinero fácil.
A veces, y desde el Rincón de Opaito se ha puesto sobre la mesa, nos preguntamos el por qué de tanta violencia en nuestros jóvenes, pues lo que he expuesto es una de las causas directa porque tal como lo ven lo aplican o indirecta porque son sus padres quienes tienen ese proceso.
No me vale aquello de que si no me gusta puedo cambiar el canal o apagar el televisor. Cambiar el canal no sirve porque en todos los canales a una hora u otra encontraremos esta fórmula, porque vende. Pero es que cambiar de canal individualmente significa mirar hacia otro lado cuando algo se está haciendo mal y lo sabemos.
Acabar con este tipo de programas, es fácil. Bastaría con dejar de ver solo uno de estos programas, pero no solo yo. Yo, tú, tú también y aquel y el otro, etc. y una vez acabado con ese programa hacer lo mismo con el siguiente. Ayudaría que los jueces dejasen de admitir demandas de este grupillo de habituales en los juzgados y dedicasen sus esfuerzos a impartir la justicia entre quienes de verdad la precisan, o en todo caso, que sancionasen por igual a quien demanda y quien es demandado, pues sabido es que lo único que pretenden es la obtención de dinero para vivir como reyes mientras los demás hacemos cábalas y nos doctoramos en matemáticas y economía doméstica aplicada.
Sería fácil acabar con esta gente que siendo periodistas avergüenzan a otros compañeros de profesión y ensucian con su mierda el buen nombre de una carrera y el esfuerzo de quienes con ilusión la estudian para luego encontrarse en el paro porque su sitio lo ocupan personajes de la más baja estofa, barriobajeros y ordinarios que pretenden ser lo que no son.
Podría conseguirse, pero no lo conseguiremos, porque aunque sintamos esa vergüenza ajena a la que me he referido, el ingrediente que cala en nuestras mentes despertando el morbo y que permite aflorar nuestras miserias proyectándolas en los episodios que he mencionado, hace que nos volvamos adictos y que nos embrutezcamos más y más. No lo conseguiremos porque esos programas mueven muchísimo dinero y el dinero es poderoso. No lo lograremos porque aunque nuestros gobernantes tomasen cartas en el asunto, que no lo harán, apelarían a la libertad de expresión haciendo creer que son ellos las víctimas y no los verdugos.
No parece que tengamos solución, pero si algún día empecemos a reconocer todo esto colectivamente, habremos empezado a avanzar en el camino correcto para erradicar esta basura y volvernos un poco más humanos.
Y vosotros ¿qué opináis? Un abrazo a tod@s.
Hace 12 minutos





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