Las leyes a veces dan libertad para hacer o no hacer algo. Por ello quien no muestre su acuerdo con el contenido de alguna de estas leyes, puede sin miedo a infringirla no hacer uso de la misma.
Esto es lo que por cuestiones morales, religiosas e incluso sociales podrá ocurrir con la futura ley del aborto en España.
El tema del aborto siempre ha sido controvertido en este país debido a las profundas raíces cristianas o debería decir católicas que impiden a quienes son creyentes y practicantes de esta religión, y basándose en el quinto mandamiento, además de otras consideraciones sobre el feto, poner fin a un embarazo sea cual fuere el motivo por el que se pueda plantear tal decisión.
Respeto a quienes acogiéndose a ese precepto no vean con buenos ojos la aprobación del nuevo texto de una ley que ya permitía la interrupción del embarazo basándose en unos supuestos determinados y que no citaré para no extenderme demasiado, aunque me gustaría, eso sí, que quienes se oponen de una forma tan radical a esta ley, llevasen hasta las últimas consecuencias este mandato y rechazasen cualquier tipo de arrebatamiento de la vida, ya sea en cumplimiento de legislaciones que permiten la pena de muerte, ya sea en confrontaciones bélicas, etc.
Para mí, que mantengo mis creencias religiosas aunque hace ya mucho tiempo dejé de ser por propia voluntad primero, practicante de la iglesia católica y obligado después por dicha iglesia por mi condición de divorciado a no serlo, aunque se guarden muy mucho de borrarme de los registros, apruebo que en determinados casos y siempre actuando en conciencia de quien debe tomar dicha decisión, se pueda poner fin a un embarazo que puede representar graves riesgos, físicos o psíquicos para la madre e incluso para el nonato. De no ser así no compartiré de forma general tal decisión, pero si la respetaré.
Sobre la edad en que una mujer pueda decidir tal paso, recordaré que en España la edad mínima en la que se pueden tener relaciones sexuales de forma consentida sin que esté penado por la Ley está en los trece años de edad. Existen iniciativas de diferentes grupos políticos para elevar dicha edad a los dieciséis años, lo cual estaría en consonancia con los estudios que ya en el año 2.006 estimaban dicha edad como la media en la que nuestros jóvenes se inician en las prácticas sexuales. sin olvidar que la tendencia era entonces y lo sigue siendo ahora de ir revisando a la baja dicha edad.
A quien lea esta entrada le pediría que haga el difícil ejercicio de situarse en un plano lo más aséptico posible, en el que no influyan su forma de pensar y entender.
¿Por qué una menor de dieciséis o diecisiete años podría decidir, sin el conocimiento y/o consentimiento paterno, abortar?
Por falta de comunicación con sus progenitores. No todos hemos mantenido o mantenemos un diálogo tan fluido que permita a nuestros hijos ser tan sinceros como para confesar un embarazo y en muchos casos el miedo a las represalias podrían decantar la balanza en ese sentido. Y cuando hablo de represalias no las limito a la reprobación de palabra, que entiendo no se sustraerá a ella, me refiero a agresiones físicas, palizas, etc.
Podría ser que a lo anterior se sumase el miedo al rechazo social del entorno, familia, compañeros, docentes, etc. Somos tan “buenos” que cuando sabemos de una adolescente embarazada fácilmente la tildamos de promiscua, cuando en realidad es muy posible que no lo sea.
Puede darse que aún y teniendo una comunicación fluida con los padres o tutores, no coincidan en cuanto los convencimientos y principios de estos y en un acto de madurez, o de egoísmo dirá alguno, también decida no hipotecar su futuro, el de sus padres y por ende el de la criatura. En un país donde el acceso de los jóvenes al mercado laboral es muy difícil, ¿podemos pensar en el fácil acceso de una menor, soltera y con un hijo? Y si no trabaja ¿Para quién será la responsabilidad y la carga, no lo maquillemos, de ese hijo? ¿Obligaremos tal y como se hacía antes para “limpiar el honor” a que se case con el coautor del desaguisado a riesgo de que al poco tiempo se divorcien, algo por otro lado más que probable? Y aún casándose ¿garantizaremos una calidad de vida para el que debe nacer con unos mínimos exigibles?
Ante lo anterior no puedo por menos que llamar madurez a la decisión de toda mujer/adolescente que con esa edad queda embarazada sin desearlo, y viendo hipotecada su vida, la del entorno más próximo e incluso la del ser aún no nacido, toma partido por el aborto, decisión que, por otro lado, debe ser una decisión muy seria y triste para la embarazada, pero de entre todas la de menor consecuencia.
Y no vale aquello de que en una sociedad como la que vivimos se tiene información y medios suficientes como para evitar estos embarazos y que quien cae en ello es por ser “tonto”. Podría citar muchos motivos, pero me referiré a algo que no es que pueda ser, es que es de lo más habitual. Tal vez se tenga mucha información pero no en todos los rincones de nuestra geografía se tiene acceso a los medios de forma fácil y anónima. No es lo mismo una ciudad grande o pequeña, que un pueblo pequeño o mediano donde todos se conocen y donde los chismes corren de boca en boca, y me viene a la memoria un episodio de la reciente serie emitida por televisión bajo el nombre del Doctor Mateo, donde una mujer adulta se desplaza a una farmacia fuera del pueblo donde reside para comprar un test de embarazo y es reconocida por la farmacéutica y casi de inmediato es “vox populi” su presunto embarazo en ambos pueblos.
No vale tampoco el comentario de que si no se tiene capacidad para votar o conducir no se tiene para abortar. Cuando el legislador entendió que tenían capacidad para mantener relaciones sexuales a tan corta edad, se entiende que tres años más tarde la deben tener para saber si pueden y quieren o no abortar y hasta es posible que la pudieran tener también para otros menesteres. En Estados Unidos, por ejemplo, se puede obtener el permiso de conducir a los dieciséis años y en España hasta no hace muchos años la tenían para trabajar a los catorce años y hoy es precisamente a partir de los dieciséis.
Por último no olvidemos que abortar no es lo mismo que tomarse una cucharada de jarabe. Se trata de un proceso invasivo que puede acarrear consecuencias graves para la embarazada, por lo que no se trata de una frivolidad ni de un capricho.
Por ello, entiendo que ante la visita de una menor a un centro donde poder abortar se debe ante todo informar y aconsejar que su decisión sea cuando menos conocida de su entorno familiar más próximo y hacerle sabedora de los riesgos que puede conllevar para su salud dicha decisión si es que no los conoce. Si aún con todo se decide llevar a cabo la intervención habrá que respetar dicha decisión y no olvidemos los tiempos pasados en los que abortar, en España, era una tarea harto difícil pero no imposible y más habitual de lo que podamos pensar. La clase alta enviaba a sus hijas a Londres simulando un viaje de fin de semana o de compras y quienes no podían permitírselo acababan en manos de matronas desalmadas que con agujas de las de tejer provocaban el aborto y muchas veces hemorragias que acababan no solo con la vida del feto sino de la embarazada y siempre con el peligro de ser denunciadas y dar con sus huesos en la cárcel.
Por lo tanto, respetemos las decisiones que puedan tomar las mujeres afectadas y trabajemos para que cada vez haya menos embarazos no deseados y que esto, el aborto, sea de todas las posibilidades, de la que menos uso se deba hacer.
Un abrazo a tod@s
Hace 21 minutos





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