Aunque el verano no es la mejor época para visitar Córdoba (durante nuestra estancia el termómetro no bajó de los 40 grados), es una ciudad que hay que visitar al menos una vez en la vida y es que sus calles llenas de encanto y de historia no pueden dejar indiferente a nadie, no sin razón Córdoba ha sido nombrada Ciudad patrimonio de la humanidad.Llegamos el viernes por la noche y aunque ya eran más de las 22:00, el aire que se respiraba era de lo más caluroso. El hotel en el que nos hospedamos merece una mención especial ya que además de ser un hotel precioso y muy cómodo contaba con un lujo extra y es que al abrir las ventanas de la habitación, estas daban a la Mezquita, sin duda, unas vistas maravillosas.
El hotel es el Conquistador, con una situación inmejorable en pleno centro de Córdoba, un ambiente muy agradable y un servicio excepcional.

Esa misma noche, comenzamos la visita recorriendo el puente romano, un puente de piedra construido durante la dominación romana en Córdoba a principios del siglo I d.C., de 331 metros de largo y con 16 arcos, donde pudimos contemplar la estatua del Triunfo de San Rafael que con motivo de la remodelación del puente, fue restaurado y limpiado colocando a sus pies un expositor para colocar las velas que los devotos le encienden continuamente.

Paseando nos encontramos con el restaurante Gúla un restaurante muy coqueto donde decidimos quedarnos a cenar, una ensalada de la casa, patatas bravas, solomillo y agnolottis rellenos de mozzarella y jamón york fue el menú elegido. Todo riquísimo. El restaurante está en el casco antiguo de la ciudad, enfrente al río. Altamente recomendable.

El sábado por la mañana nos levantamos temprano para acercarnos a la Mezquita, visita obligada para todos aquellos que viajen a Córdoba.
En el Patio de los naranjos hay varios stands de información donde podéis conseguir las entradas para acceder a la Mezquita (8,00 euros) y también unos aparatitos muy útiles que te cuentan en detalle toda la historia de la Mezquita, las partes que la componen así como todas las ampliaciones por la que ha pasado desde su creación en el año 786.

Estos son algunos de los sitios más significativos:

Al salir de la Mezquita, en la Calle Cardenal Herrero, se encuentra un altar votivo del S. XVIII en honor a la Virgen de los Faroles que a mi personalmente me llamó mucho la atención por la extrema protección a la que estaba sometida mediante unas cancelas que imposibilitan el acceso hacia el mismo.

Por la noche quedamos con unos amigos para cenar y salir de fiesta, con ellos conocimos la plaza de las Tendillas rodeada por edificios del siglo XIX y donde se encuentran las mejores tiendas de la ciudad. La parte central de la plaza, está presidida por la estatua de Gonzalo Fernández de Córdoba a caballo, un amigo nos comentó que la cabeza pertenece al torero Lagartijo.

En la casa que hace esquina con la calle Gondomar se instaló un reloj en enero de 1961 y desde entonces es el protagonista de las campanadas de fin de año. Pero además tiene la originalidad de dar los cuartos y las horas por soleares a son de la guitarra del maestro cordobés Juan Serrano, que donó la pieza a su ciudad.

Después de la noche de fiesta, el domingo nos levantamos tarde así que decidimos pasear por el Barrio de la Judería y buscar algún sitio típico para comer y por allí nos encontramos con el restaurante Casa Rafaé. Un sitio muy acogedor al que hay que ir pronto si quieres ocupar una mesa porque se llena hasta los topes.

La variedad de tapas es amplia y para todos los paladares. De todas ellas, se pueden pedir raciones enteras,o medias raciones. Allí pedimos berenjenas a la miel (sin duda, las mejores berenjenas que he comido en mi vida), salmorejo cordobés, flamenquín y chorizos fritos. Una comida exquisita.

Para bajar un poco la comida, seguimos recorriendo las calles de la Judería, las cuales mantienen intacta la morfología del espacio urbano islámico.
En una de esas calles, tuvimos la gran suerte de encontrarnos con una exposición sobre la tortura en la Edad Media, una exposición que a mi me resultó muy fascinante pero que a mi compañero de viaje no tanto y es que es comprensible que después de comer uno no está para ver según que cosas.
El judaísmo en Al-Andalus conoció momentos de esplendor entre los siglos X y XII y fueron muchos los personajes que nacieron o se educaron en Córdoba como fue el caso de Maimónides, el médico, rabino y teólogo judío más célebre de la Edad Media.
La sinagoga es el único ejemplo que existe en Andalucía del legado judío español. La decoración en yeso, con motivos mudéjares, se ha perdido hasta unos dos metros de altura, dejando a la vista el ladrillo, pero se conservan algunas de las inscripciones que adornaban todos los muros con textos de los Libros Sagrados.
En uno de los patios de la Casa de las Bulas del Siglo XVI, se construyó el Zoco Municipal donde se promociona la artesanía mediante la exposición de la fabricación de las piezas y su venta directa. El acceso al zoco se realiza de forma directa desde la calle Averroes, y a través de un callejón con medios arquillos en calle Judíos.
Y para culminar nuestra estancia en Córdoba y el motivo principal de nuestra visita, el domingo por la noche asistimos al concierto de Mark Knopfler.
Espero que hayáis disfrutado del "viajecito" y a los que no conozcáis Córdoba le haya puesto un poquito el gusanillo de ir a verla.
Besos a todos





